jueves, 24 de febrero de 2011

LA DEPRECIONLas Causas de la Depresión. (Por Francisco Javier Martínez Ruiz ©: Médico, Epidemiólogo, Microbiólogo, experto en Medicina Holística y Psicosomática). Colaborador con el Padre César Fernández de la Pradilla. A modo de simplificación y guía, podemos señalar que la Asociación de Psiquiatría Americana considera que una persona (no drogada ni que acabe de perder a algún ser querido) presenta formas mayores de depresión si presenta ininterrumpidamente durante mas de 14 días al menos 5 de los siguientes síntomas (al menos 3 para las menores): 1. Pesar, tristeza o ánimo deprimido la mayor parte del día (a veces irritabilidad en niños o adolescentes); 2. Disminución importante del interés en la mayoría de las actividades diarias; 3. Aumento o disminución importante del apetito; 4. Insomnio o sueño excesivo; 5. Agitación (evidente por el modo de frotarse las manos) o lentitud de movimientos; 6. Cansancio inexplicable o pérdida de energía; 7. Sentimientos de inutilidad o culpabilidad; 8. Indecisión o capacidad disminuida para pensar o concentrarse; 9. Pensamientos recurrentes de muerte, abandono o suicidio. En niños y adolescentes la sintomatología se hace mas enmascarada y puede cambiar: «Posicionamiento» en el ambiente familiar y académico, absentismo/fracaso escolar, trastornos del esquema corporal y de la alimentación, fugas, mentiras, hurtos, promiscuidad, consumo de tóxicos y conductas parasuicidas, etc. son manifestaciones típicas de la depresión en menores de 25 años. La irritabilidad puede sustituir al ánimo deprimido. La depresión, en cualquiera de sus formas o variantes, es una de las mayores epidemias que afecta a la humanidad en los últimos decenios. Una pandemia que, sin embargo, tiende a ser invisible, dado que los deprimidos disimulan y se retraen, y los suicidas suelen ser ocultados. Es, además, un problema que crece y se extiende, como una negra y espesa mancha de aceite en nuestro actual estilo de vida y cultura, sobre todo en los países desarrollados y urbanizados. En estos países crece mucho mas deprisa en niños y adolescentes y la edad de inicio del primer episodio depresivo tiende a ser cada vez mas temprana. Los datos son los siguientes: Un 8-17% de las personas padecen en algún momento de su vida alguna forma de depresión grave, aunque formas menores de depresión mas o menos disfrazada afectan con cierta persistencia a un cuarto de la población edn algún periodo de su vida. Después de la pubertad, se deprimen el doble de mujeres que hombres. En los pacientes afectados (y también en sus amigos y familiares) la depresión merma la cantidad y, sobre todo, la calidad de la vida. Aumenta el pesimismo, la hipocondría, la desesperanza; y disminuye el flujo de pensamientos y acciones, la autoestima, el cuidado e higiene personal, el impulso al reto, a la aventura, a la búsqueda de soluciones, a las relaciones, al goce y al líbido. Además del sufrimiento, aislamiento e incapacitación que produce acarrea un importante riesgo vital: muchas enfermedades, accidentes, deterioros familiares, fracasos escolares y despidos laborales pueden atribuirse directa o indirectamente a la depresión; un 15% de los depresivos recurrentes mueren oficialmente por suicidio cada año en los Estados Unidos, lo que representa un número de muertes similar a la que produce el SIDA. La depresión, en sí misma, es un suicidio ralentizado, como una muerte en cámara lenta. Aunque nuestro cuerpo sigue funcionando (mas lentamente, por cierto), nuestra alma ha perdido su Sol, o yace en completas tinieblas. ¿Cuáles son las causas de esta gran pandemia que tanto ha crecido en los países desarrollados desde la II Guerra Mundial?. Se han postulado muchas posibles causas de la depresión y, sin duda, existen probablemente muchos factores predisponentes y desencadenantes para una enfermedad que, como esta, es tan variada. Pero algunos de ellos tienen un papel causal muy importante y comprobado, no sólo en la especie humana, sino también en los animales superiores. Vamos a intentar esbozarlas: Los seres vivos están contenidos unos dentro de otros. Por ejemplo, las moléculas están dentro de las células, éstas están dentro de los órganos y sistemas, los cuales están contenidos dentro del organismo del individuo; pero el individuo, a su vez, está contenido dentro de su familia, y ésta dentro de su tribu, poblado y cultura, y éstos dentro de sistemas biológicos y económicos mas vastos que los engloban. Todos ellos, (micro) englobados y (macro) englobadores, son seres vivientes (biontes). Cualquiera de ellos, además, tiene estructuras resonantes en cada uno de los múltiples planos de manifestación del Ser universal; estos planos o «cuerpos», de mayor a menor densidad/visibilidad, han sido agrupados con los siguientes nombres: el material (físicoquímico), el orgánico (cuerpo biológico), el etérico (morfogenético), el astral (emocional), el intelectivo, el causal (teologal), etc. En la depresión se produce un derrumbe escalonado de englobadores y de planos de manifestación. A pesar de que hay interacción en los dos sentidos, el hundimiento de los planos sutiles y de los macroenglobadores precede cronológica y casualmente al hundimiento de los planos densos y de los microenglobados. Quizás sea este el origen de toda enfermedad. Cuando los científicos comprueban alguna altyeración en algún plano visible de algún microenglobado (por ejemplo, el conocido déficit de serotonina que se detecta en las postsinapsis de los sistemas nerviosos de los deprimidos), esa alteración es cierta y hay que tomársela muy en serio pero, en sí, sólo es una de las manifestaciones o efectos de la depresión, y no significa que la verdadera causa haya tenido que producirse forzosamente en la alteración, en el plano de manifestación y en el bionte que ellos han observado. En muchos casos, la gran mayoría, se puede comprobar que la depresión está precedida por un periodo de «impactos» y estrés demasiado intenso, duradero y/o repetido; en otros casos, los menos, no se ha podido comprobar, lo cual no significa que no exista, quizás indirecta o mediatizamente, proviniendo de niveles distintos a las emociones conscientes. Estos impactos estrasadores pueden ocurrir en cualquiera de los biontes y planos de manifestación, aunque los mas vulneradores suelen ocurrir en los individuos y sus familias, así como en los planos instintivo-emocionales. En cualquier caso. el verdadero «derrumbe» depresivo se produce cuando el cuerpo intelectivo y teologal del individuo ha sido por fin bloqueado. Los impactos estresadores suelen provenir de pérdidas, miedos, fustraciones instintivas y, en general, choques emocionales ante los que el individuo cree que nada se puede hacer. Numerosas observaciones y experimentos demuestran que cuanta mas juventud, sensibilidad, soledad comunicativa e indefensión subjetiva tenga el individuo frente a lo que le golpea emocionalmente y le estresa, y cuanto mas inesperados, instintivos, duraderos y repetitivos sean dichos impactos... mas propenso a la depresión será el resto de su vida y mas graves y petinaces serán las formas depresivas en las que caiga el afectado. Los científicos nos aseguran que, para el individuo con vulnerabilidad promedio, mas de 50 días de stress continuado en el adulto desembocan indefectiblemente en transtornos emocionales primero, alteraciones del sueño después y depresión mas o menos profunda finalmente. Sin embargo, este periodo se acorta considerablemente en los adolescentes y aún mas en los niños, sobre todo si se sienten deprotegidos (no solamente por falta de afecto y cuidados, sino también por falta de normas de comportamiento eficaces); y también si los impactos estresadores son demasiado múltiples, brutales y/o duraderos. La desestructuración de los englobadores (familias, tribus, culturas, etc.) actúa como facilitador, disminuyendo notablemente la intensidad y la duración de los periodos estresadores necesarios para el desencadenamiento de las depresiones en los individuos. Sin embargo, se observa un aumento claro de depresiones y suicidios en individuos aparentemente bien gratificados y sin traumas como pueden ser los adolescentes y «jóvenes de oro» de Estados Unidos, o las poblaciones super-aseguradas por el «estado del bienestar» de, por ejemplo, los ricos y cultos países escandinavos. Esto indica que el verdadero «quid» generador primero de la depresión pueden no ser los «traumas stresadores repetidos», por mas que éstos sean los desencadenantes mas frecuentes y visibles, sino algo mucho mas central y sutil. Es aquí cuando los estudios sobre los efectos de la «indefensión» como bloqueadora del cuerpo causal (teologal) del individuo, cobran su enorme importancia etiológica, como engendradores de la depresión. Cuando no tenemos un mínimo control sobre los acontecimientos o, mejor dicho, cuando no «creemos que» (confianza) «podemos llegar a tener» (esperanza) un control sobre ellos, entoces abandonamos toda «pretensión» (volición), nos deprimimos, enfermamos e, incluso, podemos llegar a morir. La indefensión nos deprime justamente porque acaba rompiéndonos la fe, la esperanza y el amor, esas tres «virtudes» (fuerzas) «teologales» que los antiguos colocaron en la cúspide de todos nuestros motores morales. Porque deprimirse es siempre, de hecho, desmoralizarse. En cuanto a la Terapia, la necesaria brevedad de este artículo me obliga a esbozar solamente una lista de los posibles múltiples instrumentos que deben aplicarse al tratamiento de la depresión. Dentro del enfoque Holístico, que es el que seguimos, necesariamente hay que atender a todos los planos de manifestación del Ser, es decir, a todos los «cuerpos» del individuo, desde los mas densos y visibles, hasta los mas sutiles e invisibles. Aunque el objetivo último a restablecer (¡o a inaugurar!) es la esperanza, la confianza y la volición del individuo, es decir su cuerpo causal (teologal), normalmente debe seguirse un orden reparativo ascendente, que empieza en lo físico (técnicas de relajación, masajes y ejercicios, balnearios y contacto con la naturaleza, magneto/helio/cromoterapia, musicoterapia, yoga físico y de la respiración, risoterapia, etc.) y en lo químico (oligoterapia, Sales de Schuesler, adecuación muy cuidadosa y experta de la medicación, especialmente de los psicofármacos, de los que el paciente normalmente se ha hecho dependiente), prosigue en lo biológico (fitoterapia de drenaje, de estimulación hormonal, ya sea africana, china, ayurvédica, etc.), sigue en lo etérico (homeopatía, radiestesia, oberbach, terapias sanacionales, etc.), continúa en lo emocional (flores de Bach, gemoterapia), atiende después a lo intelectivo (terapia cognitivas, PNL, etc. que, en ocasiones, requieren apoyos en terapias de «regresión») y finaliza por lo causal (terapia existencial, de «peregrinaje interior», yogas superiores y técnicas de meditación; y, especialmente, restitución de la dignidad y de las virtudes morales, como la verdad, la justicia, la solidaridad, etc. sobre todo las teologales (fe, esperanza y amor del individuo hacia si mismo y hacia su entorno). Este orden reparativo no es causal, ya que los procesos terapéuticos deben repetir la secuencia de despliegues que han formado al individuo (procesos ontogenéticos), al igual que éstos recapitulan siempre el orden de formación de los reinos, órdenes, especies y funciones que han ido apareciendo en la Naturaleza (procesos filogenéticos). El enfoque holístico que seguimos en muchas ocasiones obliga como es lógico a corregir graves anomalías de comportamiento y relación cuyo origen no sólo se detecta en el individuo (terapias de evitación, extinción, sustitución, ludo y laborterapia, etc.) sino también en la familia o en las «tribus» vecinales y laborales en las que está englobado el individuo (terapias de familia, interpersonal, etc.). Aunque mas que «corregir» deberíamos decir «señalar», «orientar», «facilitar» y «catalizar» lo que, en cualquier caso, deberán hacer al final los deprimidos y sus familias. Pues, especialmente en la terapia de la depresión nadie puede nunca «curar» a otro, y deben ser los propios seres vivientes quienes deben autocurarse finalmente a ellos mismos. Si queremos que alguien se beneficie de una bicicleta, podremos dársela y darle dos o tres clases teóricas, pero la «bicicleta» de la rehabilitación deberá montarla finalmente quien la debe disfrutar. No hay atajos para la rehabilitación en el deprimido de la conciencia, y de su formidable energía asociada. Ineludiblemente es así siempre. Y eso, precisamente, es lo bonito: la gran aventura. ¿O hay alguna otra?.

Las Causas de la Depresión.
(Por Francisco Javier Martínez Ruiz ©: Médico, Epidemiólogo, Microbiólogo, experto en Medicina Holística y Psicosomática). Colaborador con el Padre César Fernández de la Pradilla.
A modo de simplificación y guía, podemos señalar que la Asociación de Psiquiatría Americana considera que una persona (no drogada ni que acabe de perder a algún ser querido) presenta formas mayores de depresión si presenta ininterrumpidamente durante mas de 14 días al menos 5 de los siguientes síntomas (al menos 3 para las menores):
  1. Pesar, tristeza o ánimo deprimido la mayor parte del día (a veces irritabilidad en niños o adolescentes);
  2. Disminución importante del interés en la mayoría de las actividades diarias;
  3. Aumento o disminución importante del apetito;
  4. Insomnio o sueño excesivo;
  5. Agitación (evidente por el modo de frotarse las manos) o lentitud de movimientos;
  6. Cansancio inexplicable o pérdida de energía;
  7. Sentimientos de inutilidad o culpabilidad;
  8. Indecisión o capacidad disminuida para pensar o concentrarse;
  9. Pensamientos recurrentes de muerte, abandono o suicidio.
En niños y adolescentes la sintomatología se hace mas enmascarada y puede cambiar: «Posicionamiento» en el ambiente familiar y académico, absentismo/fracaso escolar, trastornos del esquema corporal y de la alimentación, fugas, mentiras, hurtos, promiscuidad, consumo de tóxicos y conductas parasuicidas, etc. son manifestaciones típicas de la depresión en menores de 25 años. La irritabilidad puede sustituir al ánimo deprimido. La depresión, en cualquiera de sus formas o variantes, es una de las mayores epidemias que afecta a la humanidad en los últimos decenios. Una pandemia que, sin embargo, tiende a ser invisible, dado que los deprimidos disimulan y se retraen, y los suicidas suelen ser ocultados. Es, además, un problema que crece y se extiende, como una negra y espesa mancha de aceite en nuestro actual estilo de vida y cultura, sobre todo en los países desarrollados y urbanizados. En estos países crece mucho mas deprisa en niños y adolescentes y la edad de inicio del primer episodio depresivo tiende a ser cada vez mas temprana. Los datos son los siguientes: Un 8-17% de las personas padecen en algún momento de su vida alguna forma de depresión grave, aunque formas menores de depresión mas o menos disfrazada afectan con cierta persistencia a un cuarto de la población edn algún periodo de su vida. Después de la pubertad, se deprimen el doble de mujeres que hombres.
En los pacientes afectados (y también en sus amigos y familiares) la depresión merma la cantidad y, sobre todo, la calidad de la vida. Aumenta el pesimismo, la hipocondría, la desesperanza; y disminuye el flujo de pensamientos y acciones, la autoestima, el cuidado e higiene personal, el impulso al reto, a la aventura, a la búsqueda de soluciones, a las relaciones, al goce y al líbido. Además del sufrimiento, aislamiento e incapacitación que produce acarrea un importante riesgo vital: muchas enfermedades, accidentes, deterioros familiares, fracasos escolares y despidos laborales pueden atribuirse directa o indirectamente a la depresión; un 15% de los depresivos recurrentes mueren oficialmente por suicidio cada año en los Estados Unidos, lo que representa un número de muertes similar a la que produce el SIDA. La depresión, en sí misma, es un suicidio ralentizado, como una muerte en cámara lenta. Aunque nuestro cuerpo sigue funcionando (mas lentamente, por cierto), nuestra alma ha perdido su Sol, o yace en completas tinieblas.
¿Cuáles son las causas de esta gran pandemia que tanto ha crecido en los países desarrollados desde la II Guerra Mundial?. Se han postulado muchas posibles causas de la depresión y, sin duda, existen probablemente muchos factores predisponentes y desencadenantes para una enfermedad que, como esta, es tan variada. Pero algunos de ellos tienen un papel causal muy importante y comprobado, no sólo en la especie humana, sino también en los animales superiores. Vamos a intentar esbozarlas:
Los seres vivos están contenidos unos dentro de otros. Por ejemplo, las moléculas están dentro de las células, éstas están dentro de los órganos y sistemas, los cuales están contenidos dentro del organismo del individuo; pero el individuo, a su vez, está contenido dentro de su familia, y ésta dentro de su tribu, poblado y cultura, y éstos dentro de sistemas biológicos y económicos mas vastos que los engloban. Todos ellos, (micro) englobados y (macro) englobadores, son seres vivientes (biontes). Cualquiera de ellos, además, tiene estructuras resonantes en cada uno de los múltiples planos de manifestación del Ser universal; estos planos o «cuerpos», de mayor a menor densidad/visibilidad, han sido agrupados con los siguientes nombres: el material (físicoquímico), el orgánico (cuerpo biológico), el etérico (morfogenético), el astral (emocional), el intelectivo, el causal (teologal), etc.
En la depresión se produce un derrumbe escalonado de englobadores y de planos de manifestación. A pesar de que hay interacción en los dos sentidos, el hundimiento de los planos sutiles y de los macroenglobadores precede cronológica y casualmente al hundimiento de los planos densos y de los microenglobados. Quizás sea este el origen de toda enfermedad.
Cuando los científicos comprueban alguna altyeración en algún plano visible de algún microenglobado (por ejemplo, el conocido déficit de serotonina que se detecta en las postsinapsis de los sistemas nerviosos de los deprimidos), esa alteración es cierta y hay que tomársela muy en serio pero, en sí, sólo es una de las manifestaciones o efectos de la depresión, y no significa que la verdadera causa haya tenido que producirse forzosamente en la alteración, en el plano de manifestación y en el bionte que ellos han observado.
En muchos casos, la gran mayoría, se puede comprobar que la depresión está precedida por un periodo de «impactos» y estrés demasiado intenso, duradero y/o repetido; en otros casos, los menos, no se ha podido comprobar, lo cual no significa que no exista, quizás indirecta o mediatizamente, proviniendo de niveles distintos a las emociones conscientes.
Estos impactos estrasadores pueden ocurrir en cualquiera de los biontes y planos de manifestación, aunque los mas vulneradores suelen ocurrir en los individuos y sus familias, así como en los planos instintivo-emocionales. En cualquier caso. el verdadero «derrumbe» depresivo se produce cuando el cuerpo intelectivo y teologal del individuo ha sido por fin bloqueado.
Los impactos estresadores suelen provenir de pérdidas, miedos, fustraciones instintivas y, en general, choques emocionales ante los que el individuo cree que nada se puede hacer. Numerosas observaciones y experimentos demuestran que cuanta mas juventud, sensibilidad, soledad comunicativa e indefensión subjetiva tenga el individuo frente a lo que le golpea emocionalmente y le estresa, y cuanto mas inesperados, instintivos, duraderos y repetitivos sean dichos impactos... mas propenso a la depresión será el resto de su vida y mas graves y petinaces serán las formas depresivas en las que caiga el afectado.
Los científicos nos aseguran que, para el individuo con vulnerabilidad promedio, mas de 50 días de stress continuado en el adulto desembocan indefectiblemente en transtornos emocionales primero, alteraciones del sueño después y depresión mas o menos profunda finalmente. Sin embargo, este periodo se acorta considerablemente en los adolescentes y aún mas en los niños, sobre todo si se sienten deprotegidos (no solamente por falta de afecto y cuidados, sino también por falta de normas de comportamiento eficaces); y también si los impactos estresadores son demasiado múltiples, brutales y/o duraderos. La desestructuración de los englobadores (familias, tribus, culturas, etc.) actúa como facilitador, disminuyendo notablemente la intensidad y la duración de los periodos estresadores necesarios para el desencadenamiento de las depresiones en los individuos.
Sin embargo, se observa un aumento claro de depresiones y suicidios en individuos aparentemente bien gratificados y sin traumas como pueden ser los adolescentes y «jóvenes de oro» de Estados Unidos, o las poblaciones super-aseguradas por el «estado del bienestar» de, por ejemplo, los ricos y cultos países escandinavos. Esto indica que el verdadero «quid» generador primero de la depresión pueden no ser los «traumas stresadores repetidos», por mas que éstos sean los desencadenantes mas frecuentes y visibles, sino algo mucho mas central y sutil. Es aquí cuando los estudios sobre los efectos de la «indefensión» como bloqueadora del cuerpo causal (teologal) del individuo, cobran su enorme importancia etiológica, como engendradores de la depresión.
Cuando no tenemos un mínimo control sobre los acontecimientos o, mejor dicho, cuando no «creemos que» (confianza) «podemos llegar a tener» (esperanza) un control sobre ellos, entoces abandonamos toda «pretensión» (volición), nos deprimimos, enfermamos e, incluso, podemos llegar a morir. La indefensión nos deprime justamente porque acaba rompiéndonos la fe, la esperanza y el amor, esas tres «virtudes» (fuerzas) «teologales» que los antiguos colocaron en la cúspide de todos nuestros motores morales.
Porque deprimirse es siempre, de hecho, desmoralizarse.
En cuanto a la Terapia, la necesaria brevedad de este artículo me obliga a esbozar solamente una lista de los posibles múltiples instrumentos que deben aplicarse al tratamiento de la depresión. Dentro del enfoque Holístico, que es el que seguimos, necesariamente hay que atender a todos los planos de manifestación del Ser, es decir, a todos los «cuerpos» del individuo, desde los mas densos y visibles, hasta los mas sutiles e invisibles.
Aunque el objetivo último a restablecer (¡o a inaugurar!) es la esperanza, la confianza y la volición del individuo, es decir su cuerpo causal (teologal), normalmente debe seguirse un orden reparativo ascendente, que empieza en lo físico (técnicas de relajación, masajes y ejercicios, balnearios y contacto con la naturaleza, magneto/helio/cromoterapia, musicoterapia, yoga físico y de la respiración, risoterapia, etc.) y en lo químico (oligoterapia, Sales de Schuesler, adecuación muy cuidadosa y experta de la medicación, especialmente de los psicofármacos, de los que el paciente normalmente se ha hecho dependiente), prosigue en lo biológico (fitoterapia de drenaje, de estimulación hormonal, ya sea africana, china, ayurvédica, etc.), sigue en lo etérico (homeopatía, radiestesia, oberbach, terapias sanacionales, etc.), continúa en lo emocional (flores de Bach, gemoterapia), atiende después a lo intelectivo (terapia cognitivas, PNL, etc. que, en ocasiones, requieren apoyos en terapias de «regresión») y finaliza por lo causal (terapia existencial, de «peregrinaje interior», yogas superiores y técnicas de meditación; y, especialmente, restitución de la dignidad y de las virtudes morales, como la verdad, la justicia, la solidaridad, etc. sobre todo las teologales (fe, esperanza y amor del individuo hacia si mismo y hacia su entorno).
Este orden reparativo no es causal, ya que los procesos terapéuticos deben repetir la secuencia de despliegues que han formado al individuo (procesos ontogenéticos), al igual que éstos recapitulan siempre el orden de formación de los reinos, órdenes, especies y funciones que han ido apareciendo en la Naturaleza (procesos filogenéticos).
El enfoque holístico que seguimos en muchas ocasiones obliga como es lógico a corregir graves anomalías de comportamiento y relación cuyo origen no sólo se detecta en el individuo (terapias de evitación, extinción, sustitución, ludo y laborterapia, etc.) sino también en la familia o en las «tribus» vecinales y laborales en las que está englobado el individuo (terapias de familia, interpersonal, etc.). Aunque mas que «corregir» deberíamos decir «señalar», «orientar», «facilitar» y «catalizar» lo que, en cualquier caso, deberán hacer al final los deprimidos y sus familias. Pues, especialmente en la terapia de la depresión nadie puede nunca «curar» a otro, y deben ser los propios seres vivientes quienes deben autocurarse finalmente a ellos mismos.

La depresion

8 min - 24 Sep 2009
La depresión (del latín depressus, que significa 'abatido', 'derribado') es un trastorno del estado de ánimo que en términos ...

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